CRONICAS ILEGALES 37: Wasabi mon Amour... ... ... by Gino Winter
La Wasabia japónica, Cochlearia wasabi, o también Eutrema japónica, es una planta que se emplea en la culinaria japonesa como condimento, rallando su raíz. Tiene un sabor muy fuerte y si el rocoto y el chile jalapeño te revientan la lengua, el wasabi te sube por la nariz hasta el cerebro irritando todo lo que encuentra en el camino hasta que sale por salva sea la parte. Lo descubrí accidentalmente y de la peor manera durante una invitación de mis queridísimos amigos japoneses en el Matsuei, excelente restaurante limeño. Sentado frente a un banquete de sushis, sachimis, makizushis y tempuras y tomando sake (Nihonshu) como un Shogún, me encontraba rodeado de directivos de las más importantes instituciones de la Colonia Peruano-Japonesa en el Perú, cuando me percaté de un pequeño bol de cerámica lleno de una pasta de atractivo color verde Nilo, lo cual, a mi modesto entender, no podía ser nada más que un apetitoso puré de palta (aguacate) fruto que en mi país es extremadamente delicioso. Cojí una cuchara sopera y la rebasé del menjurje ese y me la metí rápidamente a la boca ante las atónitas miradas de puñaladas en cuero templado de mis anfitriones. Apenas escuché el "Oooooh!" del amistoso coro color jalde, tuve la sensación de que algo raro estaba sucediendo... Empezó con una fresca brisa antiséptica subiendo por mi paladar hacia las fosas nasales cuya temperatura iba in crescendo cada milisegundo. Mis glándulas lacrimales empezaron a reaccionar como si estuviera en la Scala di Milano escuchando Vesti la giubba al final del primer acto de Pagliacci de Ruggero Leoncavallo (con Enrico Carusso interpretando al webas de Canio), pues la cara se me volvió un mar de lágrimas, a mi que no lloré ni cuando se murió mi abuelita. La nariz me resoplaba como a un toro de lidia cuando lo martirizaba Manolete y se me cortó la respiración, por un breve colapso del bulbo raquídeo, cuando miré horripilado a mis amigos Nikkéis que me atacaban con sus Katanas a la vez que la anfitriona gorda me clavaba sus espuelas en la espalda mientras que la riquísima gerente de marketing, con antifaz y enfundada en su tanguita de cuero negro, me flagelaba los testículos con su látigo sadomasoquista, sin poder impedir que me acabe toda el agua de la jarra y me empuje un puñado de arroz sin sal y dos panes ciabatta, causándome un hipo tal que salí disparado dando saltitos ridiculos de rata-canguro hacia baño, que por desgracia estaba cerrado, así que reboté hasta la cocina en donde sumergí mi cabeza en el lavadero de las verduras recibiendo, de parte de los cocineros, las más extrañas maldiciones, las cuales se me grabaron en la meninge en escritura Kanji...
Apenas terminaron las alucinaciones surrealistas me presenté todo mojado a la mesa en donde me esperaban los paramédicos resueltos a meterme en la ambulancia, mientras yo, con cara de mongolito y pálido como una máscara del Teatro No, trataba de aparentar que no pasaba nada, recurriendo a toda la concha y el cinismo aprendido de mis amigos dirigentes de la Federación Peruana de Fútbol...
Quiero aprovechar para disculparme con toda la Colonia Japonesa y agradecer especialmente al Honorable Edecán del Emperador Akihito por sus condolencias...
Wasabi y la... … … !!!
Copy rigths
FII UNMSM 2009
The Mamani Herald USA
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, ad portas del siglo XXI, segregación racial en el país de las libertades! Miré hacia todos lados y advertí que era el único cubito de hielo en ese mar de Coca Cola y la verdad es que lo único que se me ocurrió fue hablar Español y hacerme el sueco (suena raro)... Terminé mis compras sin más contratiempos y me zambullí en el primer taxi que pasó, pues aluciné que la "barra sur" me estaba siguiendo. El taxista, un red neck que había parado a inflar un neumático, se sorprendió de verme allí y me contó que de cada tres negros uno está en la cárcel y otro ha estado anteriormente por lo menos una vez; que la mitad de la población penal USA es negra, siendo los negros sólo el 10% del país, que los negros... en fin, me sentí como un pirata holandés del siglo XVIII en Sudáfrica y entendí por qué el porter me envió a otro Wal-Mart. Recordé a mis amigos negros de Los Barrios Altos y de La Victoria y las broncas y trompeaderas antes de que me acepten en el equipo de fútbol y de que nos hiciéramos entrañables y me sentí un poco desorientado. Hace algunos meses me enteré de la nueva teoría de la evolución humana, basada en el estudio del ADN mitocondrial (ver Nuestros antepasados negros y nuestra madre africana, en 




















